FAROS DE GALICIA

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Faro de Fisterra
Faro de Fisterra

Faro de Fisterra

El edificio

El faro de Fisterra es un edificio de piedra revestida y cantería en las luces y esquinas, de planta rectangular y dos alturas más el añadido de una tercera sobre la fachada. La torre surge de la fachada meridional, de la que ocupa casi un tercio de su volumen, con una forma troncocónica y sección octogonal. El fuste es de cantería con una altura de 13,30 metros, y remata en una cornisa con balconcillo alrededor de la bóveda que sustenta la cámara de servicio. Un torreón cilíndrico de 2,30 metros sostiene una linterna de casi cinco metros de altura con el foco a 17 metros del suelo. La luz que ahora se enciende mediante una célula fotoeléctrica a las 18:15 (de un día de diciembre), se encendía en el pasado a mano, cuando el sol se ponía y con los tres torreros presentes.

Los torreros

Están al servicio del faro José R. Lijo, Francisco M. Lijo y Agapito Mendoza. Este último, que cuenta con cincuenta años y es torrero desde 1976, trabajó anteriormente en cabo Vilán y Estaca de Bares. Trabajan en turnos de 48 horas cada uno y tienen bajo su responsabilidad las luces de Touriñán, Cee, Corrumeiro Chico y las Lobeiras. Sus informes se remiten a la Autoridad Portuaria de A Coruña, el Instituto Hidrográfico de la Marina, en Cádiz, la Capitanía Marítima de A Coruña y la Sociedad Estatal de Salvamento Marítimo. Los torreros de Fisterra llevan desde 1883 unos cuadernos con información diaria y pormenorizada sobe el estado del mar y de la atmósfera, así como de los incidentes cotidianos. Era entonces torrero mayor Ramón Rodríguez, asistido por Belarmino M. y Antonio Giménez como torreros segundo y tercero.

El lugar y su origen

Aquí llegaron los romanos para comprobar que habían dejado el mundo entero a sus espaldas y que más le habría valido a Roma tener los buenos marinos que nunca tuvo. Los celtas, que llegaron antes, gozaban de una religión bastante más entretenida, vieron esta punta del mundo como el principio del Más Allá, la madre de todos los comienzos. Es también la encrucijada de los caballos del sol que esperan al guerrero que los cabalgará hasta la Tierra de la Juventud Eterna. De modo que nada tendría de extraño, en este emporio de las maravillas, que la primera luz que guiara a los barcos desde los 241 metros del monte Facho fuera una chispa del mismísimo Astro Rey, ensimismado en la contemplación de este lugar que es también el fin del océano.